Adentrándonos en el Delta hallamos una pequeña y añeja casa de madera dentro de una grandiosa estructura y cubierta por vidrios. “Muchos siguen su recorrido sin saber que la misma perteneció a Domingo Faustino Sarmiento”, nos señalan las guías y mentoras de un cambio inminente en la propiedad: Lucía García, Mónica Ávila, Albertina Klitenik, Gabriela Costa y Susana Bruzzone. Mientras, atravesamos en lancha el río que homenajea aquél hombre por el que nos dimos cita con su nombre.

Sarmiento, explican, bautiza a la zona de “El Tigre” como “El Carapachay”, simultáneamente llama a sus habitantes “carapachos”, vocablo guaraní que significa: “hombre rudo, sufrido, cuestión que se expresa en su rostro”.

Este espacio de “virginal naturaleza” -como él mismo define- lo enamora a primera vista y le permite desplegar su costado romántico. Inmediatamente compra esa pequeña vivienda que conservará hasta sus últimos días y dónde vivirá jornadas de felicidad y descanso.

La casa es en realidad una reconstrucción, aunque las puertas y ventanas son originales. A lo largo del siglo pasado sufrió de la desidia con que los argentinos solemos castigar a nuestro patrimonio, incluyendo una bomba.

Se encuentra rodeada por un enorme parque, donde destacan dos bustos: el de Domingo Faustino y el de su madre, Paula Albarracín. Entre los árboles del predio hay una higuera, fruto de un retoño de la que se encuentra en San Juan, en la Casa Natal del prócer.

Sitio romántico

Durante su presidencia solía retirarse a las islas los fines de semana, algunas veces en compañía de Aurelia Vélez Sársfield, otras en soledad contemplativa.

En cierto modo, muchas de las decisiones de su exitosa presidencia terminaron de tomar forma en este espacio hoy convertido en museo.

En cierta habitación encontramos una amplia cama, uno de los pocos muebles que se conservan. Aurelia solía pasar semanas allí, muchas veces sin su amor.

Dentro de los cambios previstos para fines de octubre (en la renovación de la muestra y el museo en general) se buscará dar protagonismo a la hija de Dalmacio Vélez Sársfield, respondiendo a la gran importancia que tuvo esta mujer para el “Padre del aula”.

Mimbre y ferrocarril

El sanjuanino creía que la zona era muy explotable económicamente, por ello se empeñó en modificarlo. Hizo traer una serie de especies vegetales, entre ellas el mimbre, fundamental para su posterior desarrollo.

Consciente de su importancia preparó un acto para plantar las primeras ramas. En su texto “El Carapachay” explica que este árbol había sido traído desde Chile por los gobiernos federales de Mendoza, una de las pocas cosas que aprobaba.

Aquél día de 1857 lo acompañaban Mitre, entre otros. Dijo entonces: “Por una predisposición especial de mi espíritu, en las cosas más sencillas encuentro siempre algo de providencial. Estas varillitas que vamos a hundir en la tierra para que se conviertan en árboles, han llegado hace tres años de las faldas de los nevados Andes. No sabiendo mi amigo, Arcos, cómo llevármelas a Buenos Aires las dejó en San Fernando. Y sin embargo la tierra de las islas y el mimbre son el cuerpo y el alma: el uno completa a las otras.” D.F. Sarmiento (“El carapachay”).

¿Por qué el mimbre?

Sarmiento observó que los productores agrícolas trasladaban sus frutas y verduras sin embalarlas correctamente, tirando la producción sobre barcazas sin el mínimo cuidado.

Esto producía muchas pérdidas y una mala conservación. Para esto diseña canastos específicos que debían realizarse con mimbre y servirían para mejorar las condiciones de embalaje. El tiempo le dio la razón: Buenos Aires terminó exportando grandes cantidades de este tipo de canastos a Río de Janeiro dada la calidad de conservación que permitían, además de mimbre en general. A su vez durante décadas, ésta fue una de las industrias características de la zona y que más la potenciaron.

Su papel no se detuvo allí. El prócer también propiciaría la llegada del ferrocarril al Delta y el desarrollo de la embarcación. Se encargó además de sanear las leyes, fundamentalmente de propiedad a los particulares y, desde luego, fundó la primera escuela de la zona.

En síntesis

Las atracciones culturales del Municipio de Tigre son una de las mejores opciones todo el año.

Una de ellas es la Casa Museo Sarmiento, donde vivió el prócer, y que el municipio protege con una imponente caja de cristal. Actualmente, funciona una biblioteca y un museo.

Cuándo. Puede visitarse con entrada libre y gratuita de miércoles a domingo de 10 a 18.

Dónde. Se encuentra ubicada en la intersección del río Sarmiento y arroyo Los Reyes, a 20 minutos de la estación fluvial del distrito.

Características. La casa es una pequeña construcción de madera con techo de tejas y paredes con tablas prefabricadas. Según los historiadores, la planta baja era libre, mientras que la planta alta era donde se encontraba la única habitación que posee la casa.