“A las 48 horas del requerimiento estuvimos en Malvinas: nuestra celeridad y solidaridad fue recibida por la población malvinense con grandes muestras de simpatía. Cuando llegamos estaba el muelle colmado de gente, prácticamente se hizo feriado: suspendieron todas las actividades para recibimos”, recuerda el piloto argentino que el 15 de febrero del ’71 llegó a Malvinas en el primer vuelo de la Fuerza Aérea Argentina (FAA).

Su misión, por pedido del gobierno británico, era evacuar al guardafaro, Matthew Mac Mallun, de 59 años y afectado por una grave lesión hepática.

Para ello se empleó un anfibio Grumman Albatross del escuadrón Tareas Especiales con asiento en la VI Brigada Aérea de Tandil. El vuelo había comenzado en Comodoro Rivadavia por la mañana, luego del mediodía regresó a la Patagonía y de allí, otro avión de la Fuerza Aérea completó la evacuación médica de Mac Mallun hasta Buenos Aires.

De esta manera la FAA tomó la iniciativa de establecer vuelos regulares a Puerto Argentino y los trabajos necesarios para construir un precario aeropuerto, inexistente hasta esos tiempos en las islas.

Estas tareas, rápidamente se implementaron porque se enmarcaban en el acuerdo entre Argentina e Inglaterra firmado en el ’68 y serían consideradas nuevamente en la Declaración Conjunta de Buenos Aires.

También la potencia colonial no objetaría la intervención argentina, porque aliviaba el sostén logístico de los kelpers.

Grumman Albatross luego de amerizar en Malvinas, de fondo las casa de Puerto Argentino

La recuperación pacífica

El eventual vuelo del 15 de febrero rompió la incomunicación de los isleños, no solo con el continente sino con su propia metrópoli.

De la evacuación médica del guardafaro al 31 de marzo de 1982, la FAA registró

  • 1515 Vuelos
  • 21597 pasajeros
  • 465763 kg de carga
  • 3553 horas voladas

Dos días después de la firma de la Declaración Conjunta de Buenos Aires, el 3 de julio del ’71 el Grumman Albatross une Río Gallegos con Puerto Argentino en el primer vuelo de transportes de pasajeros y el 20 de agostó ocurre el primer vuelo oficial de correo.

El nuevo acuerdo diplomático también incluía conexión naval y telecomunicaciones permitiendo a los kelpers enviar o recibir correspondencia en cuestión de días, en lugar de semanas como sucedía en esos tiempos.

Otros ofrecimientos argentinos fueron: envío de frutas y hortalizas frescas, facilidades turísticas, asistencia médica, envío de maestras argentinas y becas educativas para que los jóvenes isleños estudien en las universidades nacionales.

En la evolución de los vuelos a Malvinas, la FAA decide que Líneas Aéreas del Estado (LADE) gestione la conexión al igual que otros destinos patagónicos.

Así el 12 de enero de 1972 LADE realiza su primer servicio entre Comodoro Rivadavia y Puerto Argentino con los mencionados Albatross. Entre 6 y 8 pasajeros y la tripulación, en cada cruce se enfrentaban a una aventura de más de 3 horas con un final incierto: porque de las condiciones meteorológicas, en particular el viento y las nubes, dependía el amerizaje o despegue.

La primera pista

El sostenimiento logístico de la colonia dependía de la Falkland Island Company y su buque Darwin, una actividad que le reportaba pérdidas económicas a las FIC, por lo cual decide vender su transporte naval.

Esto derivó que en septiembre del ’71, se organiza un vuelo especial para que técnicos argentinos estudien la construcción un aeródromo provisorio, con placas de aluminio ensamblables como las que garantizaron la logística militar estadounidense en Vietnam.

Por su parte, los británicos se comprometen, en un plazo de 2 años, a construir un aeropuerto y nuevamente, por razones económicas, relajan las objeciones y aprueban los pedidos argentinos: el ingreso a Malvinas de un buque con la maquinaria y material para la pista, instalación de un plantel de operarios de YPF, dos estaciones de radio BLU a cargo de FAA, introducción de dos o más vehículos, alojamiento para treinta operarios y un mecanismo de transferencia y convertibilidad de dinero internacional a Falkland Islands Pound –libra malvinense- y la autorización de ventas de pasajes desde Puerto Argentino a cualquier parte del mundo a través de LADE y Aerolíneas Argentinas.

Varios lugares en los alrededores de la capital insular son analizados, hasta que se decide que a 5 kilómetros al noreste y en las cercanías del Cabo San Felipe (Hoockers Point) se puede construir una pista de 750 metros de largo por 35 de ancho. También es necesario un camina hacia la ciudad, obra que la Argentina sumaría a sus esfuerzos.

Con un trabajo silencioso y tenaz, treinta y siete hombres (treinta de la FAA, dos del Ejército y cinco de Vialidad Nacional), al mando del capitán Raúl Maiorano (FAA), construyeron la pista que abrirían una nueva etapa en la interrelación argentino-británico.

Un Fokker F-27 en la reducida pista de Hoockers Points, detrás un camión de YPF

Se firma un documento oficial tras 142 años de ocupación inglesa

El 15 de noviembre del ’72 se inaugura la nueva pista. En el acto de apertura, Ernesto Gordon Lewis, el gobernador isleño agradece el esfuerzo argentino y reconoce y elogia los vuelos de lo anfibios. Lo hace, frente a sus colonos y ante las autoridades de la FAA.

Previa bendición del aeródromo por los obispos católicos, anglicano y disidente, se procedió a descubrir una placa conmemorativa. Luego se inauguró la agencia de LADE.

Todo esto quedó registrado en un documento que sería el primero firmado en las islas desde 1833: el acta oficial de inauguración del aeródromo construido en la ciudad de Puerto Stanley – Islas Malvinas, emitido por la Escribanía General del Gobierno de la Nación -Registro de la Defensa Nacional y refrendado por el escribano general Jorge E Garrido.

Dos móviles de LADE, el Citroën fue cedido por su fabricante que tenía la intención de comercializarlo en Malvinas

Mejoras en el puente aéreo

La nueva pista de placas de aluminio sobre la turba, un magnífico trabajo realizado por técnicos argentinos incrementó los volúmenes de pasajeros y carga entre las ciudades sureñas y Malvinas.

Aunque con limitaciones operacionales por reducido tamaño de la pista y las duras condiciones climáticas como el viento y su velocidad o la escasa visibilidad, los aviones Fokker F-27 volarían todos los lunes en un servicio regular que terminó por asegurar el enlace aéreo con las islas.

El día 17 de mayo de 1978 se realizó el primer vuelo en un birreactor Fokker F-28 de la FAA, el TC-52, inaugurándose así otra nueva etapa en los servicios suministrados por LADE, continuando con el pertinaz objetivo argentino de lograr la integración de los isleños con el territorio continental.

La operación de los reactores que volaron en total 639 horas hasta abril de ‘82, fue posible merced al nuevo aeropuerto y pista de capa asfáltica construida en la península de Freycinet, no lejos de la vieja pista de plancha de aluminio y desarrollado por el gobierno británico de acuerdo con los convenios establecidos en 1971.

Servicios y prestaciones para los kelpers

La Declaración Conjunta de Buenos Aires no solo abarcaba la conexión aérea, sino toda una posibilidad de asistir a los kelpers para sacarlos de la reclusión insular.

Rápida de reflejos, el Ministerio de Relaciones Exteriores argentino tomó medidas hacia la integración:

  • Destinó dos profesoras de castellano bilingües,  María Fernanda Cañas y María Theresa Cañas
  •  YPF construyó la planta Antares para combustibles: nafta, aeronafta, querosén y gasoil. Esta planta se completó con un sistema de carga de combustibles por cañerías desde el muelle de la FIC, el que una vez puesto a punto no fue autorizado a operar por la empresa británica, basándose en factores de seguridad que contradecían la autorización inicial.
  • El ARA Bahía Buen Suceso trasladó tres veleros donados por clubes náuticos de San Isidro y Ushuaia para ser usados por el club juvenil existente en las islas. Pocos meses después, por desconocimiento y mal uso deliberado éstos tuvieron que ser devueltos al continente para su reparación.
  • Artistas realizaron funciones teatrales y musicales en el Town Hall, organizados por la oficina de LADE. Era la primera vez que los nativos tenían esta experiencia. La mayoría de los residentes en la aldea capital asistieron a dos funciones.
  • Gas del Estado organizó un servicio de tubos de supergas e instaló treinta calefactores y cocinas en Puerto Argentino, construyó una planta de distribución, instruyó en Argentina continental a dos instaladores y pidió a LADE que los administre.
  • En una oportunidad arribaron cuadros y esculturas que conmemoraban la primera edición del Martín Fierro. Las obras pertenecían a autores tales como: Castagnino, Pettorutti, Quinquela Martín, López Anaya y De la Vega, etc. Fue una experiencia inédita.
  • Se organizaron visitas de médicos argentinos especialistas en oftalmología y pediatría, todas ellas abordando el tema de la medicina preventiva, las que al no contar con el beneplácito del director médico kelper, debieron realizarse en domicilios particulares, como fue la casa de Cecilia Gooch, enfermera jubilada casada con un ingeniero naval residente.
  • Las evacuaciones médicas al continente se hacían al Hospital Alvear de Comodoro Rivadavia. Allí los recibían religiosas de una comunidad canadiense, quienes solucionaban problemas de idioma al kelper. Esta solución favorecía en distancia contra la alternativa del Hospital Británico en Buenos Aires, que a su vez resultaba mucho más económica para el gobierno británico.

La situación a comienzos de los ’80

Asimiladas por la comunidad kelper, las beneficiosas acciones de Argentina fueron de menor a mayor. En el ’78 dos frecuencias aéreas aumentaron los beneficios que favorecían el mejoramiento de las condiciones generales de vida en las islas.

La presencia YPF y Gas del Estado garantizaban un abastecimiento regular de combustible. A su vez, LADE incrementó el turismo, a escala internacional y respondía ante el desabesticimiento: en una oportunidad en poco más de 48 horas resolvió el envío de alfalfa para el ganado ovino, con un vuelo especial de FAA. La medida beneficio a muchos productores de la isla.

La Argentina estaba representada por un vicecomodoro, que cada dos años era reemplazado. Uno de ellos, se afincó en Malvinas con su familia completa y en el ’80, al poco tiempo de entrar en funciones, nació su hija en el King Edward Memorial Hospital. Lo que además produjo una rápida inserción social de su esposa en la comunidad kelper.

A su vez los gobernadores locales, al margen de los tiempos tirantes entre Londres y Buenos Aires, siempre mantuvieron una buena predisposición a resolver problemas y conflictos que se daban. Particularmente entre las reacciones negativas que siempre tuvo un grupo minúsculo y cercano a la Falkland Islands Company.

Pero de todos los argentinos que prestaron servicios en Malvinas el que tuvo mayor éxito de integración fue Carlos Degesse, auxiliar de YPF, joven y soltero. Padeció el aislamiento por algún tiempo hasta que se animó a frecuentar los bares en donde en poco tiempo logró ser aceptado como un parroquiano más.

Todos los viernes participaba del tradicional festejo de la llegada del fin de semana, como así también de la habitual gresca que da término a esas tan peculiares reuniones sociales, conforme a las más arraigadas tradiciones británicas.

Al principio esa conducta fue motivo de preocupación y a punto estuvo el vicecomodoro de solicitarle el relevo, pero luego advirtió que esos episodios, antes que considerarse antisociales, formaban parte del folclore y daba temple a la amistad entre los participantes, ya que al día siguiente se los podía ver jugando rugby como si nada hubiera pasado. Carlos era un malvinense más, totalmente integrado y respetado por sus pares.

Degesse permaneció en Malvinas voluntariamente durante toda la guerra y tuvo una valiente actuación, reaprovisionando los aviones aún bajo fuego enemigo, por lo que se hizo acreedor de una distinción por parte de la Fuerza Aérea Argentina.

El Fokker-F-28 fue el primer avión con turbinas que aterrizó en Malvinas, aquí se lo observa en un aeropuerto patagónico

Los temores británicos ante la asunción de Galtieri

En diciembre de 1981, después de haberse hecho cargo del Poder Ejecutivo Nacional el general Galtieri, el gobernador Hunt organizó una reunión social para despedir el año. En esa ocasión tuvo una premonitoria conversación con el vicecomodoro Gilobert, en la cual le confesaba los temores que había despertado en su gobierno el nuevo presidente.

El concepto más importante fue expresado aproximadamente en los siguientes términos: Nosotros estamos muy preocupados. Ahora ustedes tienen como presidente un general que tiene fama de ser muy duro y se sospecha que las relaciones se van a poner cada vez más difíciles. Yo personalmente soy muy pesimista y no veo salida para este conflicto.

Luego, a mediados de enero de 1982, ante la partida del vicecomodoro Gilobert, el gobernador Hunt organizó una reunión social para despedirlo oficialmente. En esa ocasión le manifestó que veían cada vez con más preocupación la evolución de la situación, en referencia a la operación del grupo Davidoff. Después agregó que temían que Galtieri pudiera tentarse a usar la fuerza y dijo lo siguiente: pero los argentinos se equivocan, ellos creen que Gran Bretaña no nos defenderá y Gran Bretaña sí nos defenderá.

Para Gilobert, quien ignoraba por entonces lo que ya estaba ocurriendo en Buenos Aires, todas estas palabras parecían carecer de sentido y alejadas de toda realidad.

Sin embargo pocos días después, se enteraría de las intenciones de nuestro gobierno, entonces le surgiría el interrogante sobre con qué grado y anticipación llegaron a conocer los británicos la decisión argentina de recuperar las Islas Malvinas.

Fuente: Historia de la Fuerza Aérea Argentina – Tomo VI Volumen 1 – Su actuación en Malvinas