Por José Picón – Periodista El Día

María Eugenia Vidal acaba de coronar una semana soñada. Logró que le aprobaran en tiempo récord el Presupuesto para el año que viene y terminó consiguiendo recursos adicionales para la Provincia, rompiendo la sentencia de que se trataba de una aspiración poco menos que inalcanzable.

La discriminación en materia de fondos federales que sufre Buenos Aires lleva décadas por el congelamiento en 650 millones de pesos del Fondo del Conurbano. La Gobernadora se aseguró que en 2018 recibirá 40 mil millones de pesos que treparán a 65 mil millones en 2019 producto de una negociación trabajosa entre la Nación y el resto de las provincias y en la que Vidal se exhibió como la mejor alumna del presidente Macri.

Su gestión fue la punta de lanza de un acuerdo político que va mucho más allá que la nueva lógica de reparto de fondos. Por caso, las provincias se comprometieron con la Nación a bajar impuestos distorsivos (Ingresos Brutos y Sellos), avanzar en la contención de gastos propios y buscar el acompañamiento de los municipios en ese recorte. Todas esas medidas ya están aprobadas en territorio bonaerense.

En mucho ha contribuido a que esas decisiones se cristalizaran el peronismo dialoguista. La mandataria ha logrado articular una relación madura con varios intendentes y otros dirigentes como Sergio Massa que fueron determinantes a la hora de conseguir la mayoría necesaria en la Legislatura. He aquí la otra buena noticia que tocó la puerta de la Gobernadora: esos mismos intendentes se aprestan a arrebatarle al kirchnerismo el control del PJ bonaerense.

Efecto de la tercera derrota electoral consecutiva en territorio bonaerense, la estrategia de confrontación que enarbola el kirchnerismo empezó a acumular una masa crítica considerable dentro de la estructura partidaria y el emergente es la candidatura del intendente de Merlo, Gustavo Menéndez, para presidir el partido.

El jefe comunal participó de Unidad Ciudadana, el armado político que ideó Cristina Kirchner para despojarse del PJ y deshacerse del pedido de internas que le formulaba Florencio Randazzo. Pero antes de las elecciones de octubre comenzó a producir gestos de distanciamiento del universo K. El más notorio, y polémico, fue el que configuró la foto que se tomó junto al senador Miguel Angel Pichetto, uno de los dirigentes nacionales del peronismo que no sólo entiende sino que también expresa, que un futuro venturoso de ese partido depende en buena medida de un alejamiento de las prácticas, los métodos y las figuras emblemáticas del anterior gobierno.

Menéndez forma parte de un núcleo de intendentes que apunta a encabezar la “renovación” peronista.

Allí abrevan otros alcaldes como Martín Insaurralde (Lomas de Zamora), Mariano Cascallares (Almirante Brown), Juan Zabaleta (Hurlingham) y Fernando Gray (Esteban Echeverría), a los que se suman históricos como Julio Pereyra (Florencio Varela), Alberto Descalzo (Ituzaingó) y el jefe territorial de Berazategui, Juan José Mussi.

El jefe comunal de Merlo tendrá que enfrentar a Fernando Espinoza, diputado nacional electo y hombre fuerte de La Matanza, que se había transformado en uno de los dirigentes de confianza de Cristina pero que finalmente el kirchnerismo lo dejó librado a su suerte en la cruzada por conservar el dominio del PJ del que todavía es presidente.

La interna por el control partidario en la Provincia esconde otras cuestiones. Por caso, podría allanar el camino para el retorno efectivo de Sergio Massa y su tropa al esquema del PJ. Algunos pasos ya fueron dados: el alcalde de Tigre, Julio Zamora, ha venido expresando su apoyo a la nómina de Menéndez.

También Randazzo aparece cerca de esa nómina: de hecho, el intendente de San Martín, Gabriel Katopodis, también apoya la cruzada renovadora.

Esa reunificación implica además un cambio de lógica del peronismo en su relación con los gobiernos nacional y bonaerense. De hecho, como se dijo, varios de los intendentes que tributan a la lista de Menéndez, legisladores afines a Randazzo y el propio Sergio Massa, fueron artífices del acuerdo que permitió a Vidal tener aprobado el Presupuesto y la ley Impositiva en tiempo récord.

Espinoza y La Cámpora quedaron aislados frente a este nuevo conglomerado. El matancero, ante la duda de sostener una candidatura que no cuenta con más apoyos visibles que los de su propio distrito. Los jóvenes, corridos de la representación partidaria.

Puede que el desafío del armado renovador explote en la Legislatura. Se habla, por caso, de un bloque peronista que podría terminar siendo presidido por Julio Pereyra, fuertemente resistido por Cristina Kirchner. Sería otro desafío el otrora poder omnímodo de la ex presidenta.

El peronismo provincial empieza a respirar otro tiempo político. El intento de Espinoza por resistir impacta en la propia Cristina que ordenó un repliegue táctico de su tropa en busca de no quedar afectada por un eventual traspié del ex alcalde de La Matanza.

La mayoría de los intendentes está dispuesto a dar esa batalla por una cuestión de supervivencia: están convencidos de que unir una vez más sus destinos al kirchnerismo les asegura el tránsito por un terreno complejo y hostil. Acaso por eso también desoyeron las advertencias. Cuentan que Máximo Kirchner llamó a varios distritos para anticipar que La Cámpora rompería los bloques de concejales como para poner en jaque la gobernabilidad. De todos modos, decidieron seguir adelante.