“Estamos exhaustos, ha sido un camino terriblemente difícil. Pero también tenemos esperanzas: estamos en México, lo que significa mucho para nosotros”, así le cuenta a BBC Mundo, José Luis, uno de los migrantes de la caravana que intenta llegar a Estados Unidos.

En su undécimo día desde que salió de San Pedro Sula, en Honduras, parte de la caravana sigue marchando por México.

“¡Sí se pudo, sí se pudo!” y “¡México, México!” fueron los coros que más se repitieron.

En la mañana del lunes partieron de Tapachula, en Chiapas, en el sureste del país, a unos 30 kilómetros de la frontera. Planeaban adentrarse otros 35 kilómetros en México, hasta llegar a Huixtla.

Así, la caravana sigue desafiando a los gobiernos mexicano y estadounidense.

Empezaron su andar por México este domingo a las 5 de la mañana en contra de los deseos de los gobiernos de este país y de Estados Unidos.

Las autoridades de México, que han sufrido la presión del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, han repetido que los migrantes deben presentar visa o solicitar refugio.

En su uno de sus últimos tuits pidió detener “el ataque violento de los extranjeros ilegales”.

La caravana llegó a Tapachula, en el estado mexicano de Chiapas, tras caminar 10 horas

Un joven muerto

Este lunes, saliendo de Tapachula, un joven cayó de uno de los vehículos que acompañan a la caravana y murió.

Cuando el viernes los migrantes llegaron al puente que divide Guatemala de México, hubo momentos de caos . La policía lanzó gases lacrimógenos y los migrantes piedras.

Después, las autoridades mexicanas cerraron la valla fronteriza y hubo una larga espera que desesperó y dividió a la caravana.

México comenzó a tramitar las solicitudes de refugio, que en principio los migrantes no querían, pero a un ritmo muy lento.

Miles de ellos decidieron no esperar y el sábado cruzaron el río Suchiate a nado, en balsa, o caminando.

En la mañana del domingo comenzaron a caminar por México, en un bloque larguísimo que ocupaba un extenso tramo de la carretera entre Ciudad Hidalgo, en la frontera, a Tapachula, en Chiapas, en el sureste del país.

Según informó la Comisión Nacional de los Derechos humanos, en base a un conteo de las autoridades locales, pueden ser más de 5 mil los inmigrantes, sobre todo de Honduras.

Fueron a un paso firme y muy rápido. A pesar de que había niños, ancianos y personas en silla de ruedas o muletas.

En un punto la policía federal cerró el paso, pero lo abrió justo antes de que la caravana llegara.

En algunos lugares sus vehículos los escoltaron. Les pidieron que presentaran su solicitud de asilo, pero los migrantes se negaron y siguieron su paso.

“Tememos que nos deporten. Es mejor seguir caminando así”, asegura Carlos.

Como todos los migrantes entrevistados por BBC Mundo, dice que escapa de la violencia y la pobreza de su país.

“Pedimos a los mexicanos que nos ayuden, que no nos regresen. Lo único queremos es que nos dejen pasar. No queremos molestar, sólo queremos llegar a Estados Unidos para poder trabajar”, dice María, que camina con su marido y 2 hijos pequeños.

Activistas sostienen que los niños de la caravana son los más vulnerables a las condiciones climáticas y a la falta de recursos

Otros esperan

Una parte de los migrantes está todavía en el puente que conecta estos dos países, pidiendo refugio a México.

Llevan muchas horas sufriendo el terrible calor. Han dormido dos noches sobre el asfalto, a la intemperie. No tienen acceso a agua corriente, ni a sanitarios y hay un constante olor a orines.

Los niños son los más vulnerables a estas condiciones: algunos han sufrido de diarrea o insolación.

La basura se ha acumulado en pequeñas montañas.

Se han visto escenas de desesperación: algunos niños y mujeres se han desmayado.

Según la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, quedan unos 1500 en el puente. Y nuevas personas han ido llegando.

Solicitudes de refugio

Las autoridades mexicanas comenzaron a dejar entrar a migrantes con una solicitud de refugio, aunque las otorgan a un ritmo que a ellos les parece demasiado lento.

“Esta es una crisis. Los niños están sufriendo mucho y si pasan mucho tiempo aquí, puede haber muertos”, dice Eva Fernández, de la ONG Yo Amo Guatemala, que se ha desplazado desde California para ayudar con la organización de la caravana.

El Comisionado Nacional de Seguridad, Renato Sales Heredia, aseguró que están recibiendo a los migrantes y tramitando solicitudes de refugio.

Dijo que cada día procesarán en promedio las solicitudes de unos 300 inmigrantes.

“Llamado a proteger a los niños”

En la caravana hay muchos bebés y niños que son especialmente vulnerables a las duras condiciones de la caminata.

Edgar Corzo Sosa, de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, asegura que no ven el “mínimo interés” de las autoridades de México en cuidar a los menores.

“Hacemos un llamado al gobierno para que proteja a los niños: debe haber asistencia inmediata y continua. Los menores se están deshidratando. Las madres los intentan cuidar, pero hace mucho calor y hemos visto algunos con fiebre”, asegura.

“Sabemos que este camino es especialmente difícil para nuestros hijos, pero ¿qué podemos hacer? En nuestro país no tenemos futuro. Llegar a Estados Unidos es una cuestión de vida o muerte. O vivimos todos o morimos todos”, dice Dania que salió desde San Pedro Sula con su marido y 4 hijos.

espera todavía puede ser muy larga: han puesto un plástico atado a la valla que les sirva para proteger a sus hijos del sol.

“No serviría mucho para la lluvia, pero hasta ahora hemos tenido suerte. Ayer solo cayeron unas gotas”, dice.

“Nos salimos de Honduras porque es difícil conseguir un trabajo digno para poder comer y mantener a nuestras familias y porque las maras nos tienen fritos: yo les debía que pagar una extorsión para que me dejaran trabajar en mi pequeño taller mecánico, pero no se la pude pagar y tuve que cerrar “, dice Pedro, otro de los migrantes.

La mayoría cree que en Estados Unidos tendrá una mejor vida.

Los migrantes quieren atravesar México caminando e ingresar a Estados Unidos

Amenaza de las maras

Jessica, de 15 años, viaja sola. Ahora está con los que caminan por México.

Quiere llegar a Nueva York porque ahí tiene unos familiares.

“Me fui porque unos mareros me dijeron que me iban a matar”, dice. Le pidió a unos desconocidos el teléfono para llamar a su madre.

“Entre llanto me dijo que me cuidara mucho y que, si me voy ahogar, que suelte la mochila”, dice.

A su paso, muchos mexicanos salieron de su casa a alentarlos: “Bienvenidos, ánimo. Sabemos que tienen derecho a buscar una mejor vida”, les decía Jesús Cancino, a la entrada de su casa.

Otros les daban agua o comida.

“Algunos mexicanos piensan que los centroamericanos son malos o criminales. Pero yo creo que es porque no han tenido oportunidad de convivir con ellos. Yo solo he conocido gente buena y trabajadora”, asegura Joel Moreno Reyes, quien ayudaba a transportar a la punta de la caravana a la gente más cansada.

Otro mexicano, Carlos Carrasco, dueño de un restaurante, no está muy de acuerdo: “Hay gente que viene por necesidad, pero también hay gente mala”.

En México algunas ONG han alertado de brotes de xenofobia, sobre todo en redes sociales.

Los migrantes están exhaustos, caminan bajo un tremendo sol y mucho calor.

Este lunes los migrantes tenían planeado tomar un descanso en Tapachula.

Pero, se reunieron y decidieron continuar.

“Ya estamos en México, no vamos a parar”, era una frase que se repetía entre ellos.