Un día como hoy, en 1778, nacía José de San Martín

A 242 años de su nacimiento, podemos asegurar que José Francisco de San Martín fue y será por siempre el “Libertador de América”

“Me he consagrado ardientemente a la causa de la revolución. Ni mi salud valetudinaria, ni sacrificio alguno es capaz de arredrarme” (Mendoza, 18 de mayo de 1816)

En esta breve frase, parte de una extensa carta escrita desde Mendoza, José de San Martín reafirmaba al director supremo Pueyrredón su compromiso con la causa del continente americano, a la que se había sumado cuatro años antes desde su arribo a las riberas del Plata, el 9 de marzo de 1812.

Nacido en las ex misiones jesuíticas el 25 de febrero de 1778, mientras su padre el capitán Juan de San Martín ejercía el cargo de Teniente Gobernador de Yapeyú, dejó temprano su tierra natal para instalarse con su familia en España, ingresando al Ejército español a los 11 años logrando una ascendente carrera militar, destacándose durante 20 años en los campos de batallas europeos.

Su regreso a América a 2 años de iniciada la Revolución de Mayo, será un hito trascendental que cambiará los destinos de la guerra. 

Con la mira puesta en la libertad e independencia trabajará con método y dedicación esperando la oportunidad para poner en práctica sus ideas y profesionalismo al servicio de la causa. 

Prontamente, “aquel niño de Yapeyú, proveniente de una familia humilde que aprendió desde su cuna el valor del trabajo y del esfuerzo, se convierte luego en el joven impetuoso y descaradamente valiente que, a través de los años, se transformó en el militar ilustrado y el conductor paciente que durante 20 años de aprendizaje espera su momento de entrar en la historia del mundo para convertirse en el estadista visionario, el constructor de naciones libres e independientes y, por sobre todas las cosas, un hombre público intachable, despojado de todo interés y ambición, que vio en el poder sólo un instrumento para la realización de su obra americana: “Dar libertad a los pueblos de esta parte del mundo y dejar a su libre albedrío la constitución de sus gobiernos” (del libro: San Martín. Modelo de Líder Americano, pag. 12/13).

El mismo San Martín, ya convertido en el Libertador, luego de las batallas de Chacabuco, Cancha Rayada, campaña del sur de Chile y Maipú, aseguraba desde Mendoza: “Desde el momento que presté mis primeros servicios a la América del Sur, no me ha acompañado otro objeto que su felicidad. Éste es el norte que me ha dirigido y dirigirá hasta el fin de mis días”.

San Martín fue, sin duda, una de aquellas personas que a partir de sus convicciones y acción lograron cambiar el rumbo de la historia. 

Aún en los momentos más acuciantes y difíciles de la guerra de la Independencia, su presencia era el pilar de la libertad; así lo había anticipado Manuel Belgrano, quien el 26/09/1818 le escribía: “¡Cuánto siento que la salud de usted esté tan delicada! Vamos a perder mucho si ella o cualquiera otra razón nos priva de su presencia en Chile. Yo opino que en usted debe verificarse lo del Cid que aunque después de muerto su carcaza a caballo valía por una victoria: desengáñese usted: se hará un mal al país si se admite su solicitud de relevo del mando;… y bastará el que usted esté presente únicamente, que se intime para que todo marche como es debido; si mi voto vale de algo, si mi amistad merece lugar en la voluntad de usted, le conjuro por ella, y por la patria misma que se traslade a Chile… siempre de usted su afectísimo amigo”.

La campaña libertadora y el Gobierno del Protectorado del Perú, fueron su último sacrificio en suelo americano; fiel a sus principios San Martín se retiró de la escena pública cuando creyó que su presencia ya no era necesaria y que por el contrario comprometía la suerte de América, idea que había formado en la Entrevista de Guayaquil.

Incluso en aquel difícil momento de su renunciamiento, al abandonar la misión de su vida, dará la última enseñanza de entrega y libertad, diciendo: “Presencié la declaración de la Independencia de los Estados de Chile y Perú: existe en mi poder el estandarte que trajo Pizarro para esclavizar el Imperio de los Incas, y he dejado de ser hombre público. He aquí recompensado con usura diez años de revolución y guerra…  Mis promesas para con los pueblos en que he hecho la guerra, están cumplidas; hacer su Independencia y dejar a su voluntad la elección de sus Gobiernos… En cuanto a mi conducta pública, mis compatriotas, como en lo general de las cosas, dividirán sus opiniones: los hijos de estos darán el verdadero fallo…”, y así fue.

Hoy, a 242 años de su nacimiento, podemos asegurar que José Francisco de San Martín fue y será por siempre el “Libertador de América”.

José de San Martín, en la declaración de la independendia del Perú