Los perfiles genéticos de los ocho detenidos por el crimen de Araceli Fulles, comenzaron a ser cotejados con muestras de ADN obtenidas del cuerpo de la víctima y de otras evidencias, informaron hoy fuentes de la investigación.

Con estos estudios genéticos, la fiscalía buscará tener una prueba científica irrefutable con la que se pueda demostrar la participación de alguno de los acusados en el hecho.

Las fuentes explicaron que los estudios de ADN se harán con los hisopados tomados en la autopsia sobre distintas partes del cuerpo de Araceli, entre ellos los subungueales -bajo las uñas por si llegó a arañar a alguien-, y los realizados en las zonas genitales, ante la posibilidad de que el o los asesinos hayan dejado su patrón genético en el cuerpo.

Otros de los elementos a peritar son unas manchas biológicas recolectadas en una campera, un billete de 50 pesos, unos precintos y unas bolsas plásticas.

Los peritajes estarán a cargo del Departamento de Genética Forense de la Policía Científica de San Martín.

En caso de hallarse algún perfil genético masculino, el mismo será cotejado con las muestras de ADN que le fueron tomadas a los ocho detenidos: Darío Gastón Badaracco (29), Carlos Damián Cassalz (34), Jonathan Rubén Ávalos (29), Emanuel Ávalos (25), Marcos Antonio Ibarra (32), Marcelo Ezequiel Escobedo (37), Hugo Martín Cabañas (46) y Hernán Alberto Badaracco (38).

Araceli fue vista por última vez la madrugada del 2 de abril y su cuerpo fue hallado el 27 del mismo mes debajo de unos escombros en el patio de la casa de Darío Badaracco, en Alfonsina Storni 4477 de José León Suárez.

La autopsia determinó que Araceli murió por “asfixia mecánica” un su variable de “estrangulamiento a lazo” con un elemento compatible con precintos plásticos.

Los pesquisas intentaban establecer si Araceli estuvo retenida, ya que en un baño del sitio en construcción donde se encontró el cadáver, se halló un pedido de auxilio escrito en un papel higiénico con la inscripción “ayuda me tienen en el… Ara”.

Badaracco declaró tres veces como testigo antes de ser imputado, la última vez el mismo día del hallazgo del cuerpo, pero se mantuvo prófugo un día hasta que la noche del 28 de abril fue detenido detrás de la villa 1-11-14 del Bajo Flores porteño gracias a una vecina que lo reconoció por la calle.