Los femicidios dejaron sin madre a 3.158 niños y adolescentes en todo el país desde 2008 hasta el primer semestre de este año, es decir que en menos de una década casi todos los días algún chico quedó sin su mamá, asesinada en hechos de violencia de género, según cifras del Observatorio de Femicidios de la organización civil La Casa del Encuentro.

En el 63% de esos casos de femicidio están involucrados menores de 18 años (2.012 niños y adolescentes), advirtió Ada Rico, quien preside esa ONG.

El femicidio es la última y más grave instancia de la violencia de género, casi siempre precedida por violencia doméstica, amenazas y maltratos en todas sus variantes, un círculo que suele tener cautivos durante “muchos años” a los hijos, quienes, aunque no reciban golpes, siempre resultan agredidos” por la situación que se vive en su casa y la victimización de su mamá, explicó Rico.

Este año, sólo en el primer semestre, 239 hijas e hijos perdieron a su mamá. De ellos, 153 tenían menos de 18 años cuando ocurrieron los crímenes.

Hombres violentos: ¿Hay rehabilitación?

La recuperación de los hombres violentos es considerada aún materia de análisis entre los especialistas y no hay estadísticas ni estudios que prueben una rehabilitación.

Un puñado de instituciones públicas y privadas atiende a varones agresores en la Capital Federal y el conurbano, bajo la coordinación de psicólogos y trabajadores sociales.

El Hospital de Agudos Teodoro Alvarez, la Asociación Mutual Grupo Buenos Ayres, el Retem, la Asociación para la Prevención de la Violencia Familiar, el grupo Adán de Buenos Aires, la Asociación Pablo Besson y el Equipo Latinoamericano de Justicia y Género son algunas de ellas. Estas organizaciones terapeúticas trabajan sobre los hombres considerados “violentos cíclicos” y aclaran que no admiten en sus programas a psicópatas, agresores sexuales infantiles, ni consumidores de alcohol o drogas.

María Eva Sanz, trabajadora social y fundadora del Grupo Buenos Ayres, explicó que hay una “multicausalidad de la conducta violenta”. Una combinación entre el varón “que no advierte la influencia dañina del patriarcado” y la “falta de controles y frenos externos por parte del Estado y de la sociedad en general” frente al agresor.