Dos semanas antes del 2 de abril de 1982 el incidente Davidoff comenzó una serie de sucesos que aceleraron el inicio de la guerra aeronaval más importante tras la Segunda Guerra Mundial, entre dos países que mantenían un cierto trato amigable entre sus fuerzas armadas y, que además, formaban parte del mismo bando en ese mundo agrietado entre el capitalismo vs comunismo, oriente vs occidente o Rusia vs Estados Unidos.

En primer lugar, el 19 de marzo un grupo de obreros y técnicos de la empresa Georgia del Sur SA desembarcó en Puerto Leith, en la isla Georgia del Sur, para desarmar tres factorías balleneras abandonadas en el marco de un contrato firmado entre el empresario argentino Constantino Davidoff y la Salvensen Limited de Edimburgo.

Una de las instalaciones balleneras, con naves incluídas que Davidoff debía convertir en chatarra

Dicho contrato, fue formalizado según las leyes inglesas y se ejecutó una vez que Davidoff cumplió requisitos burocráticos ante la Embajada del Reino Unido en Buenos Aires, presentando todo tipos detalles y acciones a seguir.

Apenas arribaron obreros enviados por Davidoff, en el buque de la Armada Argentina ARA Bahía Buen Suceso, el Instituto Antártico Británico (BAS) que ejercía una especie de administración pública de las islas Georgias del Sur se quejó ante el gobernador colonial en Malvinas que el plantel argentino estaba compuesto por militares, que hubo disparos de armas de fuego y que habían izado la bandera nacional como clara manifestación de soberanía argentina; por ello rechazaban a los trabajadores y los obligaban a abandonar inmediatamente la isla.

Igual reclamo, el BAS le transmitió al capitán del ARA Bahía Buen Suceso por entender que era el responsable de todas las ofensas que el plantel de obreros había cometido, incluso infirieron que todo formaba parte de una operación militar y Davidoff estaba subordinado a la Armada Argentina.

El capitán, que sólo ejecutaba un contrato de fletamiento, toma en cuenta la situación como un asunto de terceros y se retira con su navío el día 21.

La reacción en Londres

Otro suceso particular, que alentó el inicio del conflicto bélico entre abril y junio del ’82, tuvo lugar en Londres y fue motorizado por los medios de comunicación y el Parlamento británico. Ambos montaron una propaganda que replicó la acusación del BAS, incitó la ira de la sociedad y dio a entender que el gobierno de facto argentino había ordenado la invasión a las Georgias del Sur.

Entre una de sus curiosas estrategias, estuvo la difusión de un video copiado del izamiento de la bandera del 3 de abril, en las Islas Georgias, en el que sí había Infantes de Marina, presentándolo como si hubiera sido tomado el 19 de marzo por los propios hombres de Davidoff.

Otra de las estrategias utilizadas fue dar a entender que el desembarco de la expedición había sido en Malvinas y no en Georgias.

Estas falsas noticias fueron difundidas por todos los órganos de prensa y financiadas por la Falkland Island Company.

Otras de las curiosidades fueron la actitud del grupo BAS, denunciando haber visto personas con uniforme militar previamente a la llegada del plantel de obreros o la actitud del gobernador kelper Hunt negándose a atender a Davidoff y acusando al gobierno argentino tras el incidente de puerto Leith.

Sin marcha atrás

El 23 de marzo, el gobierno británico notificó al argentino que expulsaría a los obreros, e invocando la defensa a los súbditos de su Reino, envía el HMS Endurance, para desalojar a los obreros.

El buque inglés Endurance, en la Base Naval de Mar del Plata, en febrero de 1982

El Foering Oficce, insinuaba que era una amenaza para los habitantes de Malvinas (lo cual es considerado según la Carta de la ONU como un acto de agresión), a pesar de que la embajada británica en Buenos Aires conocía perfectamente todo lo relativo a la expedición.

A su vez, el gobierno argentino dispuso entonces la protección militar de los trabajadores e hizo desembarcar, el 25 de marzo, a unos 15 Infantes de Marina en las Islas Georgias, trasladados por el buque polar logístico ARA Bahía Paraíso.

Si la Argentina hubiera permitido que los británicos llevaran a cabo esta medida sin ofrecer ningún tipo de resistencia, habría significado un reconocimiento expreso de la supuesta “soberanía” británica sobre las islas, según la denominada Doctrina Stoppel (doctrina de los actos propios).

Al mismo tiempo habían partido hacia el Atlántico Sur, buques de guerra británicos como el Biscoe, el Bransfield y un submarino nuclear.

Las ganas de ir a la guerra

El 30 de marzo, el gobierno británico recibió el informe de sus espías en Buenos Aires. En él se decía que ni la Junta había planeado el incidente en Georgias, ni Davidoff tenía nada que ver con los planes de la Junta.

Porque la Junta Militar si tenía planes para recuperar Malvinas. Pero no eran a través del incidente de las Georgias, ni en las puertas del invierno austral ni mucho menos en un proceso de adaptación a material bélico de origen británico y francés. Por ejemplo, técnicos argentinos y británicos, durante el verano del ’82 estaban en contacto fluido dado que se habían comprado a Gran Bretaña misiles antiaéreos portátiles Blow Pipe y ultimaban detalles para su total operatividad.

Volviendo los últimos días de marzo, en ambos lados le dieron la bienvenida a la posibilidad de la guerra.

La potencia colonial se enfrentaba al desmantelamiento que estaba padeciendo la Marina, por lo que necesitaba urgente una excusa para seguir existiendo. El gobierno y el modelo económico tampoco contaban con la aprobación de la sociedad inglesa. Igual situación se encontraba la Junta Militar. Ambos necesitaban un golpe de efecto

Vale aclarar que desde 1974 las fuerzas armadas argentinas tenían un plan para recuperar las Islas Malvinas, pero Perón y Videla ante sus propias coyunturas pospusieron la acción militar en el Atlántico Sur.

A su vez, la diplomacia argentina fue receptora de excusas y negaciones inglesas en conversaciones bilaterales y reuniones del comité descolonizador de la ONU entre mediados de la década del 60 hasta el ’82.

También la Falkland Island Company, con una enorme capacidad de lobby interfería en las negociaciones cuando aparecían intenciones de barajar plazos u opciones de binacionalidad mediada por la ONU; como ocurrió en Hong Kong entre China y el Reino Unido. Por lo cual la diplomacia argentina no tenía margen y se estaba quedando sin opciones ni posibilidades de mostrar un avance significativo en la cuestión soberanía.

Sin dudas, el incidente Davidoff  fue la excusa para ir a la guerra. Primero fue manipulada por el gobierno británico, luego por la Junta Militar.

Así fue la génesis del Conflicto del Atlántico Sur. Ambos lados enfrentarían las consecuencias y el flagelo de la guerra se cobraría más de mil vidas.

El sector del Atlántico Sur que usurpa la corona inglesa