La primera central nuclear flotante de Rusia, Académico Lomonósov, ya navega por el Báltico.

La polémica plataforma, que los ecologistas han bautizado como la “Chernóbil flotante” o el “Titanic nuclear” está siendo remolcada desde el astillero de San Petersburgo, donde fue construida, hasta una base en Múrmansk, una ciudad situada en el extremo noroeste de Rusia, según ha informado el dueño de la central, la compañía estatal rusa Rosatom.

La noticia de la inauguración de esta central nuclear flotante ha generado gran controversia. Por un lado, sus defensores argumentan que Académico Lomonósov es la materialización de un avance técnico que permitirá llevar energía a lugares remotos y abastecer de electricidad a poblaciones que no disponen de energía suficiente. Pero sus detractores subrayan el peligro de que una plataforma nuclear en el mar provoque accidentes como el que se produjo en Chernóbil.

Esta usina flotante, construida entre 2007 y 2018, cuenta con dos reactores nucleares de 35 KW cada uno, capaces de suministrar energía eléctrica a una ciudad de unos 100 mil habitantes, incluida la zona industrial que podría tener una localidad de esas proporciones. A mediados de mayo llegará a Múrmansk donde se abastecerá de combustible nuclear para emprender a continuación el camino hacia Chukotka, en el extremo nororiental de Rusia.

Su destino final es Pevek, donde dará electricidad a la ciudad del mismo nombre y alimentará una planta desalinizadora y pozos petrolíferos. Se espera que entre en funcionamiento en 2019 y que reemplace entonces a la central térmica de Cháunskaya —que funciona a carbón en la ciudad con los consiguientes efectos contaminantes que este combustible implica— y a la nuclear de Bilíbino.

En su camino hacia Múrmansk, Académico Lomonósov pasará frente a importantes ciudades europeas como Helsinki, Estocolmo, Copenhague y Oslo, un camino que Moscú podría haber evitado si hubiera terminado de construir la plataforma en los astilleros de Sevmash, en Severodvinsk.

Sin embargo, el rearme impulsado en los últimos años por el Kremlin ha saturado los astilleros de las bases navales de la zona, dedicados a la fabricación de buques nucleares para la Armada Rusa. Esta situación obligó a que a mediados de 2008, después de recibir su bautismo de agua, el Académico Lomonósov fuera llevado a San Petersburgo para continuar allí su construcción, que terminó con 10 años de retraso.

Greenpeace ha criticado que el reactor nuclear haya sido construido en “una zona densamente poblada como el centro de San Petersburgo”. Ahora, cuando el Académico Lomonósov navega por el Báltico, la organización ecologista considera que continuar con las pruebas “lejos del ojo público” es irresponsable, un peligro que Moscú ha descartado. Según defiende Rosatom, la plataforma cumple con todas las normas de seguridad y no presenta ninguna amenaza ecológica ya que viaja por el Báltico con los reactores apagados y sin combustible nuclear.

Algunos expertos consideran que este tipo de centrales son vulnerables. Como no son embarcaciones autónomas -es decir, no pueden navegar por sí solas y deben ser remolcadas-, pueden ser blanco relativamente fácil de terroristas. Además, su periplo por el Ártico ya con los reactores cargados entraña un peligro real para el ecosistema de la zona, según Greenpeace, ya que no se excluyen accidentes que podrían ser causados por un temporal.

Sin embargo, a pesar de los riesgos, hay al menos una docena de países interesados en este tipo de instalaciones. Pero en cualquier caso habrá que esperar a que la primera central nuclear flotante móvil pase su prueba de fuego en la lejana Chukotka.