Cuentan que esperaba un escenario un tanto ríspido. Algunos mensajes previos se habían transformado en indicios más o menos claros de que María Eugenia Vidal se iba a presentar en un acto donde predominaría el tono crítico hacia las políticas económicas oficiales. Y los pronósticos no fallaron, hubo críticas de obispos cercanos al Papa.

La gobernadora fue una de las funcionarias, junto a la ministra de Desarrollo Social de la Nación, Carolina Stanley, que participó de la apertura de la Semana Social de la Iglesia que tiene lugar en Mar del Plata.

Y allí se topó con discursos ásperos, muy a tono con la tirante distancia que separa por estos tiempos a la Iglesia y el oficialismo.

Las inquietudes eclesiásticas son genuinas. Advertir sobre una pobreza lacerante que no cede es alguno usual para los obispos. “El nivel de inequidad es enorme y se acentúa”, advirtieron en el cónclave. Tampoco debería sorprender la apelación a que el ajuste comprometido con el Fondo Monetario Internacional no lo paguen los pobres.

Distinto fue el tono de otras intervenciones. Monseñor Jorge Lugones es obispo de Lomas de Zamora y muy cercano al Papa Francisco. También, conoce de memoria al peronismo. Le tocó hablar después de que Vidal prometiera que no habrá reducción en la inversión social. En otros tiempos acaso hubiera bastado para atemperar un poco las críticas. Pero Lugones casi no dejó terminar a la Gobernadora para afirmar que a la administración de Cambiemos le “hace falta sensibilidad social”.

Esta tensión llega en momentos críticos para el oficialismo de los que Vidal no es ajena. La mandataria parece haber asumido un rol de conciliadora con la Iglesia. Viajó hace unos 10 días a ver al Papa y fue la cara visible del Gobierno en la cumbre marplatense. Pero son tiempos complejos para acercar posiciones: el debate por la despenalización del aborto auspiciado por el Presidente ha generado una grieta profunda entre el Gobierno y el Papa.

En ella se cuelan todo tipo de críticas a Cambiemos. Lugones, por caso, abrió ese abanico avalando el paro convocado para mañana por la CGT y otros sindicatos opositores y hasta cuestionando la oferta salarial que Vidal le formuló a los maestros de la Provincia en una paritaria que sigue sin encontrar un final feliz.

Esta dura posición de la Iglesia enarbolada por los obispos que tiene línea directa con Francisco genera interrogantes. Se dice que Vidal fue a ver al Papa, entre otras cuestiones, para procurar que su palabra contribuya a evitar desbordes sociales en un segundo semestre en el que la economía promete brindar noticias poco alentadoras.

A Francisco responden diversas organizaciones sociales que actúan en el Conurbano. Ayer, varios funcionarios bonaerenses no salían de su asombro por los dichos de Lugones. ¿Se habrá roto algo en aquella buena relación que supo construir Vidal con Bergoglio cuando todavía no era Francisco?

Otras cuestiones dan vueltas en el Ejecutivo provincial. Habría que prestarle atención a algunos contactos que se estarían registrando por estos días entre funcionarios bonaerenses y representantes de los sindicatos estatales dialoguistas que accedieron a firmar el aumento del 15 por ciento en tres cuotas.

Las dos primeras etapas de esa mejora que suman el 11 por ciento ya se pagaron. La cuestión es que ese porcentaje ya quedó casi un punto por debajo de la inflación. Los estatales deberán aguardar hasta septiembre para cobrar el 4 por ciento restante y, para entonces, el poder adquisitivo de sus salarios habrá sido demolido por el incremento del costo de vida. ¿Habrá alguna chance de adelantar esa cuota o disponer el pago de un adicional como compensatorio? Ese diálogo está en pleno proceso.

No habría que atribuírselo a las críticas de los representantes de la Iglesia, pero en las últimas horas trascendió que la Provincia volverá a convocar a los maestros a quienes formularía una nueva propuesta salarial.

El Gobierno, mientras tanto, comenzará a dar la batalla formal contra un tema que desvela a Vidal: el impacto del ajuste que podría caer sobre las cuentas de la Provincia el año que viene en función del acuerdo con el FMI.

En las próximas horas alumbrará un proyecto en la Legislatura para repudiar los dichos del gobernador de Córdoba, Juan Schiaretti. El mandatario lanzó al ruedo la idea de que, para reducir gastos, la Nación transfiera a Buenos Aires las empresas de energía Edenor y Edesur y Aysa, la proveedora de los servicios de agua y cloacas en el Conurbano.

Vidal, que dio el aval a que se presente esa iniciativa, rechaza de plano hacerse cargo de estas empresas que le implicaría absorber gastos por cerca de 100 mil millones de pesos. “Es un disparate. Aún con la recomposición de los recursos por la reformulación del Fondo del Conurbano, la Provincia sigue siendo discriminada porque recibe el 25 por ciento de recursos federales cuando le aporta a la Nación el 37 por ciento”, dicen cerca de la Gobernadora. Su territorio alberga, además, los bolsones de pobreza más amplios del país.

A esa pelea Vidal busca subir a la oposición. Ya logró que algunos intendentes del PJ salieran a cruzar la idea de Schiaretti. El proyecto, acaso, obligue a otros actores de la política bonaerense a definirse en un tema sensible que deberá resolverse en breve, con la discusión que la Nación deberá mantener con los gobernadores por la definición del proyecto de Presupuesto 2019 que alumbrará al calor del ajuste de gastos que reclama el cierre con el Fondo.

Puesta en escena

El peronismo aportará en las próximas horas una interesante postal. Habrá foto conjunta entre Sergio Massa, el gobernador salteño Juan Manuel Urtubey y Florencio Randazzo. El gesto excede el aporte de la postal que se repetirá tanto en la provincia norteña como en territorio bonaerense: supone la consolidación de un armado con vistas a 2019 que deja afuera al kirchnerismo.

El gesto está generando ruido en el massismo donde varios dirigentes prefieren ir a una gran Paso que incluya a los K. ¿Conflicto en puerta?