Manuel Belgrano se gradúa de abogado en Valladolid en enero de 1793, y a partir de ese momento se dedica al estudio de los idiomas vivos, del derecho público y especialmente de la economía política.

Durante su estadía en la península ibérica, desde 1786 hasta 1794, las doctrinas económicas merecían una especial consideración, en virtud de las transformaciones operadas en el campo de las ideas. En España dominaban las ideas liberales, y Belgrano se nutrió de esta Ilustración española, que a diferencia de la francesa no es atea y respeta la figura monárquica.

Dentro de las teorías económicas, va a ser influenciado por la fisiocracia. Por ella se atribuía exclusivamente a la naturaleza el origen de la riqueza. Valorizaba especialmente la agricultura y procuraba la abolición de las barreras aduaneras y promovía el libre cambio.

La doctrina toma auge en Italia, principalmente a través de los trabajos de Fernando Galliani y del abate Antonio Genovesi.

Genovesi, maestro predilecto de Belgrano era un mercantilista moderado, que pretendió combinar la libertad económica con los principios del proteccionismo industrial y agrario, contrariamente a los fisiócratas que basaban sus teorías en la libertad de producción y circulación de los productos.

Un plano del Buenos Aires colonial, centro político y económico del Virreinato del Río de la Plata

En Inglaterra la fisiocracia tuvo sus mejores exponentes en Ricardo Cantillon y en Adam Smith. En Francia el representante es Francisco Quesnay, al cual Belgrano estudia con entusiasmo.

En España se destacan las figuras de Pedro Rodríguez de Campomanes, Melchor Gaspar de Jovellanos y Vicente Alcalá Galiano. Estos se oponían a los mayorazgos y propiciaban el justo reparto de las tierras.

Belgrano se empapó de estas teorías y también recibió influencias de Quesnay, Galiani, Genovesi y Adam Smith, que en la mayoría de los casos estudió en sus lenguas originales y que configuran la formación de su pensamiento económico.

Su capacidad y posición social le permitieron que trabara en la Corte fluidas relaciones con los personajes más importantes de la época, entre ellos el ministro Gardoqui, quien lo nombra Secretario del Real Consulado de Buenos Aires, que se crea en ese entonces.

Belgrano regresa al país en mayo de 1794, con todo el bagaje cultural que había adquirido en España.

Debe enfrentarse en el Consulado con los comerciantes monopolistas que manejaban el puerto de Buenos Aires, a pesar de ello, Belgrano propone un programa de reformas que vuelca en las Memorias Consulares.

Procura el fomento de la agricultura, ganadería, manufacturas y comercio del Virreinato del Río de la Plata. Mantiene fluida correspondencia con los diputados del Consulado en las distintas ciudades y se interioriza de las realidades particulares.

Tiene una visión integradora del espacio del Virreinato, organiza expediciones para reconocer el territorio y gracias a la colaboración de geógrafos y topógrafos se vuelca esta información en mapas detallados. Esta cartografía se la facilita al general José de San Martín, cuando éste emprende el cruce de la Cordillera de los Andes.

Promueve nuevos cultivos como el lino y el cáñamo; se ocupa del mejoramiento del ganado vacuno y lanar, teniendo especial consideración por el “ganado de la tierra”: llamas, alpacas, vicuñas y guanacos.

Asimismo se ocupa del mejoramiento de la manufactura textil, por ejemplo en Cochabamba se busca mejorar la producción de lienzos de algodón para competir con la manufactura europea; catalana, en un primer momento, y luego inglesa, gran parte de ésta arribaba gracias al contrabando.

Se ocupa del mejoramiento de los caminos, de la construcción de un muelle para el puerto de Buenos Aires, de la fundación de una plaza fortificada en Choele Choel para contrarrestar el cuatrerismo practicado por los indios araucanos, etc.

La extensión territorial del Virreinato del Río de la Plata

El desarrollo económico está unido a un desarrollo social. Se preocupa por el mejoramiento de la situación de los campesinos, y tampoco excluye al indio. Respondiendo a la tradición hispánica busca integrar al indio que se encontraba en la pampa, a través del comercio y de la evangelización, transmitiéndole los valores de la civilización

También se ocupa de la integración de la mujer, ya sea a través de los oficios tradicionales, como hilanderas y tejedoras, o proponiendo que sean mano de obra en los diferentes pasos que demandaban los cultivos del lino y del cáñamo.

Lamentablemente la crisis política que experimentaba en esos momentos el Imperio Hispanoamericano, hizo que muchos de sus proyectos no pudieran concretarse.