María Eugenia Vidal realiza por estas horas una gestión a dos bandas. El objetivo es intentar un acuerdo con distintos sectores del PJ, excluido el kirchnerismo, para evitar una posible derrota política en la Legislatura.

La idea oficial pasa por eludir el escenario que se registró hace algunas horas en el Senado nacional, donde distintos sectores del peronismo se unieron para aprobar un proyecto que congelaba el aumento de tarifas este año y que terminó disparando el veto del presidente Mauricio Macri.

Vidal esté empeñada en mostrar alguna buena nueva con los polémicos aumento de los servicios públicos. Quitó por decreto parte del componente impositivo que engrosan las boletas de agua, luz y gas. Ahora pretende que se limpie el remanente que es una contribución que pasa a engrosar las cuentas de los municipios y para ello necesita de los buenos oficios del peronismo dialoguista con la que supo acordar en los primeros dos años de gestión pero que en los últimos tiempos le empezó a mostrar los dientes.

El proyecto aparece trabado en la Cámara de Diputados donde Cambiemos necesita del apoyo de un sector de la oposición para transformar en ley los deseos de la mandataria. Acaso para no resbalar en la negociación con el peronismo como le ocurrió a la Casa Rosada, la propia Vidal puso manos a la obra.

El encuentro de principios de esta semana con Sergio Massa camina por ese sendero, más allá de la interlocución que ensayó para tender puentes de diálogo rotos con la gestión Macri.

Mañana, si no hay cambio de planes, la Gobernadora se verá las caras con Martín Insaurralde. El intendente de Lomas de Zamora es uno de los conductores políticos de un bloque de ocho miembros en Diputados.

Se trata de una serie de medidas preventivas, que miran de reojo el espejo retrovisor de lo que ocurrió en el Congreso. Allí, la Rosada habría ensayado una negociación senador por senador en busca de bloquear la ley de rebaja en las tarifas. La estrategia terminó mal para el oficialismo. Vidal prefiere que la iniciativa que promueve salga con el mayor consenso posible, incluso, con algunas concesiones a los bloques opositores que la apoyen.

La mandataria parecería estar viendo un poco más allá de la coyuntura. Le interesa avanzar con su proyecto para achicar en parte el impacto de la suba tarifaria con la quita de impuestos provinciales, pero le preocupa además garantizar la gobernabilidad en este año de gestión previo a la cita electoral de 2019 cuando la posibilidad de un peronismo asequible se vuelva una utopía.

Los encuentros con Massa e Insaurralde puede que estén en ese contexto. Cuando el Mundial de Rusia se transforme en recuerdo, el gobierno bonaerense tendrá que apretar el acelerador para la definición del Presupuesto del año que viene que no sólo incluiría reducciones de gastos adicionales a los que ya viene aplicando Vidal. También un nuevo pedido de endeudamiento, aunque se estima menor al de este año, que deberá contar con el voto favorable de parte del abanico opositor.

Parte de la estrategia oficial por evitar la unidad opositora en la Legislatura rindió sus frutos. Los intendentes dialoguistas resolvieron no plegarse a una movida del kirchnerismo para bloquearle el proyecto a Vidal. Decidieron vaciarle una reunión a la que Massa sólo envió dos representantes casi a modo de oyentes.

Esos gestos todavía no alcanzan para que Cambiemos tenga asegurada la votación en la sesión del jueves. El oficialismo había avanzado en un entendimiento con cuatro diputados peronistas que le hubieran garantizado el éxito, pero decidió buscan un respaldo más amplio para no exponerlos frente a la furia kirchnerista que operó fuerte para disuadirlos.

La sesión convocada en la Cámara de Diputados para esta semana será un muestrario de hasta dónde logró avanzar Cambiemos en recrear un escenario de convivencia con Massa y el PJ dialoguista. Acaso no sea el único indicio.

Las vacantes en algunos organismos como el Tribunal de Cuentas y el directorio del Banco Provincia aportan otro dato central. Allí la oposición tiene reservados algunos sillones que Vidal podría mandar a cubrir si se avanzara en el nuevo espíritu de diálogo que está promoviendo la Gobernadora.

Esa negociación viene mezclada con los reacomodamientos que se van produciendo en el PJ, acelerados por los desbarajustes oficiales.

En el peronismo bonaerense se respiran aires un poco más benévolos frente a la caída en la ponderación pública tanto de Macri como de Vidal, aunque en menor medida.

Varios intendentes del Conurbano que parecían casi resignados a ceder sus distritos a la ola amarilla de Cambiemos, ahora miran un horizonte más despejado. Sin embargo, no pueden sustraerse de una inquietud: cómo terminará presentándose a elecciones el peronismo. Si irá dividido del kirchnerismo como el año pasado o habrá alguna fórmula de unidad.

Ese dilema genera movimientos curiosos. La posible postulación de Massa en la Provincia empieza a ganar temperatura. El tigrense resiste la idea porque sigue empeñado en dar la batalla por la Casa Rosada, pero varios gobernadores e incluso intendentes verían con buenos ojos esa postulación.

Esa alternativa aparece rodeada de otras incógnitas. Por lo pronto, cómo hacerla coincidir con el kirchnerismo que tiene otros planes para la Provincia. El nombre de Verónica Magario, la jefa comunal de La Matanza, sigue picando en punta en ese esquema.

Los intendentes peronistas sacan cuentas. Varios de ellos volvieron a hablar con Massa luego de meses de relación cortada, pero al mismo tiempo miran las encuestas en sus distritos donde Cristina Kirchner sigue siendo, por lejos, la candidata que mejor les mide.

¿Tendrán margen para ir en contra de una nómina que lleve el apellido Kirchner en un lugar destacado de la boleta sábana? Es uno de los dilemas que quedará para más adelante, pero que llena de incertidumbre a un peronismo con nuevos bríos.