Los sacerdotes de las Villas de la Ciudad de Buenos Aires y Gran Buenos Aires brindaron presentaron un documento sobre el cuidado de la vida, con la propuesta “Hogar del abrazo maternal”, de acompañamiento a mamás en situación de riesgo de aborto.

Un grupo de mujeres de barrios populares donde dichos sacerdotes viven y trabajan, testimoniaron desde su experiencia sobre el cuidado de la vida en esos sectores, sobre todo en situaciones conflictivas y de gran vulnerabilidad.

El documento presentado por los sacerdotes expresa dolor por la media sanción del Proyecto de Ley de “Interrupción voluntaria del embarazo”, lo que consideran “un eufemismo para dar media sanción al aborto en nuestras tierras”.

“Como Iglesia presente en villas y barrios populares, donde se viven diversidad de dificultades, queremos renovar nuestro compromiso con la lucha por la Cultura de la Vida y los Derechos Humanos. Esperando que los senadores puedan dar cuenta del inmenso valor que tiene toda vida humana, la de la madre y la de la niña o niño por nacer; proponemos una respuesta concreta a la dificultad de las jóvenes y adolescentes de nuestros barrios que llevan adelante embarazos de riesgo o incluso no deseados ni planificados”, explica.

Los sacerdotes expresan su firme convicción sobre “la necesidad de cuidar de la vida humana en todas sus etapas, desde la concepción hasta la muerte”, afirmando que “siempre cada ser humano será el rostro de Dios, más allá de su fragilidad” y aseguran que “la lucha por la igualdad -tan invocada en los discursos de estos días- está en nuestro ADN: los cristianos creemos profundamente en la fraternidad que nos da ser hijos de Dios y por lo tanto hermanos e iguales entre nosotros y ante sus ojos”.

“Nuestro querido papa Francisco ha denunciado innumerables veces la cultura del descarte de nuestras sociedades: los viejos, los inmigrantes, las personas con discapacidad, los pobres y los niños por nacer molestan, nos piden atención, nos piden cuidado, nos ‘quitan’ comodidades y privilegios; entonces hay una fuerte tendencia a descartarlos, a quitarles el derecho a la existencia. Los proyectos individuales, el nivel de consumo, el bienestar y el confort, por sobre todas las cosas, son los que mandan”, alertan.

En el espíritu del documento que hace un tiempo escribieron los sacerdotes de las villas “Con los pobres abrazamos la vida”, pretenden ahora “dar una respuesta concreta a las necesidades de nuestras villas y barrios populares, allí donde la vida se lleva adelante pese a las dificultades. Y cada embarazo, cada niña y cada niño, es esperado y recibido como un don, un regalo, con la esperanza de que un futuro distinto y mejor que el actual que le espera”.

“Queremos hacer notar, una vez más, que este compromiso y valoración de la vida lo hemos aprendido del mismo Evangelio y de las mujeres pobres con las que compartimos nuestra vida y trabajo”, destacan los “curas villeros”, y señalan que “muchas veces son madres de sus hijos y de los del pasillo. Sí, en momentos en que tantos y tantas hablan por los pobres mostrando su ‘preocupación’ por ellos, nuestras comunidades quieren hacer nuevamente visible que las mujeres de nuestros barrios eligen la vida, la vida del niña o niño que vendrá y la de la mujer que lo lleva en su vientre, incluso cuando muchas veces deben hacerlo solas sin un hombre que se haga cargo de su propia paternidad y totalmente ausente o en grandes dificultades”, sostienen. “Por esto las mujeres serán las grandes protagonistas de esta propuesta: como sujetos de derechos que no solo reciben contención y cuidados, sino que también lo brindan a sus pares. Sí, las mismas mujeres de nuestras comunidades llevarán adelante los Centros que recibirán el nombre de: ‘Hogar del abrazo maternal’”, anuncian.

“Destacamos y agradecemos el trabajo silencioso que se viene haciendo ya hace años en distintas instituciones y dentro de nuestras comunidades para acompañar a mujeres con embarazos de riesgo, o inesperados. De estas experiencias tan concretas nos nutriremos”, aseguran.

“Por todo esto es que comenzaremos, e invitamos a otros a hacerlo, a llevar adelante estos Centros para recibir a adolescentes y jóvenes mujeres, que lleven adelante embarazos de riesgo, o inesperados, en condiciones de fragilidad y desamparo”, animan.

“Allí les daremos alimentación, atención y control médico y sanitario, apoyo psicológico, orientación legal y social para que puedan llevar adelante sus embarazos como así también los primeros años de sus bebés hasta poder ingresar al ciclo de educación inicial”, detallan, y buscarán “facilitar el acceso a políticas y programas que promueven la vida como la Asignación Universal por Embarazo y los programas de Salud Materno infantil, entre otros”.

“En nuestras propias capillas dispondremos de un lugar adecuado para que puedan estar durante el día, almorzar, merendar, descansar, recibir cariño y contención, formación y orientación ante cada situación y, en los casos en que no fuera posible la crianza posterior del niño, poder rápidamente articular con el sistema judicial para una pronta adopción del mismo”, añaden.

“En un clima de familia que recibe, abraza y acompaña se buscará sobre todo dar ánimo y fortaleza. Por otro lado, también se recibirá y acompañará en sus crecientes responsabilidades a los papás adolescentes y jóvenes. Obviamente se acompañará con respeto y cariño a las mujeres que hayan atravesado el drama de un aborto”, aseguran.

“Porque creemos profundamente en que vale toda vida y que las sociedades muestran su verdadero rostro por la forma en que tratan a aquellos más débiles, es que elegimos hacernos cargo comunitariamente de estas situaciones dramáticas y no esperamos acríticamente la instalación de una verdadera cultura del descarte humano”, concluyen, anticipando que “de modo gradual y con la debida adaptación a cada contexto para recibir mejor la vida como viene, se irán abriendo los Hogares del abrazo maternal en distintas comunidades”.

El documento está firmado por monseñor Gabriel Barba, obispo de Gregorio de Laferrere; monseñor Eduardo García, obispo de San Justo; monseñor Gustavo Carrara, obispo auxiliar de Buenos Aires y vicario para la pastoral en Villas de Buenos Aires; monseñor Jorge García Cuerva, obispo auxiliar de Lomas de Zamora y los presbíteros José María Di Paola, Guillermo Torre, José Luis Lozzia, Marco Espínola, Juan Isasmendi, Eduardo Casabal, Ignacio Bagattini, Lorenzo de Vedia, Carlos Olivero, Gastón Colombres, Domingo Rehin, Hernán Cruz Martín, Basilicio Britez, Nicolás Angellotti, Sebastián Sury, Damián Reynoso, Rodrigo Valdez, Martín Carroza, Sebastián Risso, Pedro Baya Casal, Adrián Bennardis, Juan Ignacio Pandolfini, Juan Manuel Ortiz de Rozas, Joaquín Giangreco, Nibaldo Leal.

Firman también los padres salesianos Carlos Morena, Mario Romanín, Alejandro León y Juan Carlos Romanín SDB; las misioneras franciscanas Cecilia Lee y Bea Gmiltrowicz y los presbíteros Alejandro Seijo, Andrés Tocalini, Dante Delia, Franco Punturo y Omar Mazza