Ayer fui por segunda vez a la cancha de Chacarita. Hacía frío pero la tribuna empezó a emanar calor desde temprano con el primer golazo.
Chaca tuvo la pelota todo el partido, con el segundo gol la euforia era algo que aumentaba cada vez más y llegó a su tope máximo después del tercer gol, cuando empecé a ver cómo una avalancha de gente nos llevó puesto. Resulta que a un señor grande le agarró epilepsia y era tan pesado que era muy difícil cargarlo hasta la enfermería.
Además que entre los gritos de la gente se generó un clima de confusión y desesperación, tardé en entender qué pasaba. Había que parar el partido o pedir ayuda, lo que sea, el hombre estaba pálido. No se nos ocurrió mejor cosa que empezar a cantar «pará el partido la puta que te parió» y de repente toda la tribuna se levantó al unísono y conseguimos que traigan una camilla.
El partido terminó y pude ver al hombre, ya consciente y sentado. Me alivió. Comprendí que «la famosa banda de San Martin» no son sólo unos negros cabeza deseosos de gedencia y vino tinto. Chaca es solidaridad, sin capos ni jefes, como dice la canción. No me arrepiento de reavivar aquella pasión olvidada por el fútbol de la mano de estos colores. Aguante Chaca.
Alan Rivero




