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El Puente Aéreo a Malvinas de la Fuerza Aérea Argentina

Si bien la Operación Rosario tuvo un mayor despliegue de medios navales, la Fuerza Aérea Argentina cumplió su parte en el asalto aéreo del aeropuerto de Malvinas el 2 de abril de 1982. Esa maniobra se denominó Plan Aries 82 y se utilizaron cuatro C-130 Hércules y cuatro Fokker F-28.

Estos aviones pertenecían a la I Brigada Aérea de El Palomar. Allí, la emoción y entusiasmo por la recuperación de las Islas Malvinas duró poco. En particular, la aeronáutica fue la única fuerza que contempló en sus planes la reacción bélica del Reino Unido tras el 2 de abril.

Por esta razón, la Fuerza Aérea tuvo una destacada participación que tomó una notoriedad mundial a lo largo de los 74 días de guerra; no sólo hundiendo buques ingleses.

Un Hércules comienza la carrera de despegue, al costado de la pista tres unidades de la Aviación Naval que operaban desde la BAM Malvinas

Puente aéreo

El transporte aéreo militar creció exponencialmente durante en la Segunda Guerra Mundial. Tras su finalización y en medio de la disputa geopolítica de Estados Unidos y la ex URSS, el puente aéreo se destacó cuando Stalin decidió sitiar Berlín, en poder de los aliados pero rodeado por los rusos.

Así, el puente aéreo probó que la aviación de transporte puede mantener y abastecer una posición ya sea con aterrizajes o lanzamiento de carga por paracaídas. Luego, en otras guerras como Corea y Vietnam, demostró ser una importante solución táctica para el abastecimiento de tropas y civiles. Pero también comprobó que se pena en volumen de carga, aún cuando se gana en velocidad y tiempo de operación en el terreno de combate e incluso en espacio enemigo.

C-130 Hércules en la pista de Puerto Argentino, Luego del 1º de mayo los vuelos no se realizaron de día

El Atlántico Sur

Tras la recuperación de las Malvinas, suceden dos hechos que la conducción militar argentina no había considerado en sus planes sobre el 2 de abril y días posteriores:

  • Inglaterra moviliza su flota y establece la zona de exclusión marítima en el Atlántico Sur y
  • el envío de miles de efectivos argentinos a las islas como respuesta a la reacción británica

El 15 de abril, se suspende el transporte naval desde el continente a Malvinas, dejando como única alternativa de conexión al transporte aéreo.

Para ello la Fuerza Aérea denomina Zona Interior a la fracción del país que no incluye a la Patagonia. Mientras que las ciudades patagónicas y las Islas Malvinas forman el Teatro de Operaciones del Atlántico Sur.

El transporte de tropas, el abastecimiento aéreo (por aterrizaje y descarga de los aviones) y los traslados fueron realizados, generalmente desde Río Gallegos y Comodoro Rivadavia, con alternativas desde San Julián, Puerto Deseado y Río Grande a la pista de la Base Aérea Militar Malvinas con aviones C-130 Hércules, Fokker F-28 y F-27 pertenecientes al Grupo 1 de Transporte Aéreo; dos Boeing 737 de Aerolíneas Argentinas y un birreactor de Austral Líneas Aéreas, el BAC 1-11.

El denominado Puente Aéreo finalizó el 29 de abril. Se volaron 3509 horas y se transportaron 20233 pasajeros y 6367 toneladas de carga entre la Zona del Interior (ZI) y el Teatro de Operaciones del Atlántico Sur.

Exclusivamente a Puerto Argentino, la aviación de transporte trasladó 9215 pasajeros y 5008 toneladas de carga en 1929 horas de vuelo, efectuando 452 aterrizajes en la pista de la Base Aérea Militar Malvinas (ex aeródromo de Port Stanley).

Los aviones de transporte de la I Brigada Aérea ejecutaron 359 aterrizajes; las dos aeronaves de Aerolíneas Argentinas, que comenzaron a operar desde el 11 de abril, hicieron 91 aterrizajes.

Un día, en 22 horas de trabajo se despacharon 76 aviones a un promedio de 15 minutos cada uno.

Soldados argentinos a punto de partir desde la Patagonia hacia Malvinas, detrás el Boeing 737 de Aerolíneas

Malvinas bajo fuego

Tanto la aviación como la marina inglesa, el 1º de mayo de 1982 bombardearon el aeropuerto de Malvinas. La defensa argentina disparó desde las cercanías de Puerto Argentino a los aviones y desde la Patagonia los aviones de combate fueron sobre los barcos ingleses.

La presencia de dos portaaviones y varias decenas de buques de guerra especializados en interceptar y derribar aviones, impuso un bloqueo enemigo por aire y mar que llevó al transporte aéreo a continuar con su misión con un cambio: sólo los Hércules aterrizan en Malvinas; si antes no son derribados por barcos o aviones enemigos.

No había margen de error.

Los C-130 son aviones de transporte, creados para operar en situaciones extremas. Pueden aterrizar sobre casi cualquier superficie terrestre y hasta cumplen ciertas condiciones de flotabilidad. Pero no tienen ningún tipo de armamento, ni siquiera para defenderse.

Sin embargo, las tripulaciones argentinas llevan al Hércules a su límite operativo: vuelan entre 5 y 15 metros de altura sobre el mar y las islas, con 15 mil kilos de carga y a 600 kilómetros por hora. Es la única manera llegar a Malvinas y, fundamentalmente de evitar la detección por radar y posterior derribo en medio delo bloque inglés.

Pero la amenaza también estaba en tierra, ante la posibilidad de ser bombardeado por Harriers o cañoneados por barcos. Por eso las tripulaciones y los auxiliares en la pista debían minimizar el tiempo de descarga y carga del avión.

En una oportunidad, un Hércules solo estuvo 11 minutos en Puerto Argentino: aterrizó, se descargaron 15 toneladas paletizadas, bolsones de correo y se cargaron heridos y despegó de regreso al continente.

Una noche, en la pista de Malvinas, los auxiliares de carga notaron que el avión vacío estaba inclinado. Una de las cubiertas del tren principal derecho se rompió probablemente por una esquirla en la pista. La tripulación decidió despegar pese a los riesgos de que esa rueda dañada impidiera tomar la velocidad necesaria para el despegue.

El Hércules se ubicó en un extremo de la pista, con frenos y motores al máximo por unos segundos. Liberado los frenos empezó a ganar velocidad y a su vez a vibrar y sacudir toda su estructura. Tras recorrer menos de 800 metros, los pilotos levantaron el tren de aterrizaje y tomaron rumbo hacia el continente. A las 4 horas, aterrizaron en una base del sur argentino.

Con una rueda principal menos y la ayuda de Dios…
A medida que el C-130 incrementaba lentamente velocidad –recuerda el jefe de la tripulación– comenzó a sustentarse el plano derecho, con lo cual la corrida se hizo más controlable disminuyendo las vibraciones de la estructura. Recorridos unos 400 metros aproximadamente, con 50 nudos (92 km/h) en el velocímetro, al TC-66 le costaba aumentar la velocidad. A los 600 metros de carrera y 68 nudos (126 km/h) de velocidad indicada, llegamos al cráter que había en la pista, taponado con tierra. La llanta de la cubierta reventada impactó con violencia en el borde del cráter y el Hércules en lugar de frenarse momentáneamente, se levantó en forma imperceptible.
Aún muy por debajo de la velocidad de despegue de máximo esfuerzo y
también de la velocidad de mínimo control, el TC-66 se despegó del suelo
escasos centímetros. Ganamos unos pocos nudos más, no muchos, mientras la pista
se acababa y penetrábamos en una espantosa oscuridad.
Ya no quedaba pista para abortar el despegue. Fue todo instantáneo. Dí la orden de ¡tren arriba! sabiendo que, no teníamos la seguridad de estar en el aire y que el avión perdería unos cuantos centímetros de altura mientras se introducía el tren, pero no tocamos el suelo, el variómetro indicaba ¡un metro por segundo arriba!… ¡despegamos!… ¡sí despegamos con una rueda principal menos y la ayuda de Dios!

Durante los 44 días posteriores al 1º de mayo, el Escuadrón Aéreo I (C-130) de la I Brigada Aérea hizo entrega de abastecimiento aéreo por aterrizaje (417 t de carga), lanzamiento en paracaídas (17,5 t de municiones y víveres para el Ejército Argentino en Darwin y Bahía Fox) y abastecimiento en vuelo de combustible (93 escuadrillas de la Fuerza Aérea Argentina y 20 de la Armada Argentina en 29 salidas de los Hércules tanqueros).

El martes 1º de junio de 1982 el Escuadrón Hércules registró su primera y única baja en la guerra.

El TC-63 despegó a primera hora para cumplir una tarea de exploración y reconocimiento, imprescindible para reunir información sobre la Fuerza de Tareas británica. A las 10:40 h se interrumpió el contacto. Posteriormente fuentes británicas informaron que el TC-63 había sido derribado con fuego de misiles y cañones por dos Sea Harrier, al norte del Estrecho de San Carlos. No hubo sobrevivientes.

El 13 de junio de 1982, con el despegue de un C-130 durante la noche desde la BAM Malvinas, evacuando 48 heridos, la Fuerza Aérea Argentina finalizó el «puente aéreo» sostenido con grandes dificultades y zozobras, pero con enorme voluntad.

33 vuelos burlaron el bloqueo británico.

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