
Chispazos de creación, siempre y cuando los fósforos no estén mojados. Por Roberto Romeo Di Vita
Una primavera que trajo nuevamente el invierno; frío, lluvia, días, y noches de un octubre desconocido y surrealista.
Es cuando el tiempo se empapa tanto de llovizna, que las chispas de estos fragmentos, no podrían encender una fogata.
Las calles de San Martín no escurren el agua, los paraguas a la orden de los días, el sol pasa a ser una pieza muy ansiada por los vecinos y aves de las plazas.
La atmósfera húmeda, gris y plomiza amenaza ponerse toda luz, cuando el viento pampero se lleve las nubes y una explosión de alegría estalle en la naturaleza; falta poco.
Buenos Aires y su conurbano se sigue inundando, flagelos del agua y sus secuelas que siempre afectan a los mismos, los más pobres y rezagados.
Gente / nuestra gente pobre / siempre atada / al yunque del desamparo / tal vez, una advertencia. / Sin vocación / de eternos perdedores.





